
Cree el pastor, confiado él, que en cuanto el lobo cierra los ojos todo está en calma. Cree que, cuando la noche lo cubre todo, los miedos salen a danzar por el bosque. Y, al igual que los humanos crearon a sus dioses para vencer el miedo de sus muertes, creen los pastores de este mundo tener a sus rebaños bajo su control. Nada más lejos de la realidad. Juegan, y abusan, del privilegio de lucir un arma en sus cintos. Pero la noche cae para todos por igual. Y, al amparo de la noche, sus miedos y nosotros volveremos a danzar.
Acaba, en escasos días, un nuevo año de radio. Se siguen iniciando guerras en este Planeta Enfermo, y nosotros en nuestro bosque nos seguimos riendo. Seguimos mostrando, entre carcajadas, nuestros colmillos. Seguimos demostrando, semana a semana, que su violencia no nos merma. Y seguimos abriendo las puertas que ellos, con su manojo de llaves de la sinrazón, se empeñan en seguir cerrando. Nosotros seguiremos dando las patadas de siempre a las puertas de sus Infiernos.
Seguimos anclados frente a la duda de si termina algo, o si no deja de iniciarse algo más. Seguimos delante de este par de micros sin esperar nada a cambio, más que seguir sonriendo. Seguimos aplaudiendo con furia en el teatrillo de las mentiras. Y seguimos sacando tornillos de Ikea a esta realidad que nos han vendido y que apesta cada vez más. Seguimos encadenados, por libre, a este baúl de inmundicia.
Arrancaremos de un tirón ese calendario que jamás utilizamos. Tiraremos al container equivocado la agenda con todas sus páginas en blanco. Y pagaremos, religiosamente, el canon que nos impone esa pandilla de necios para seguir avanzando. Porque el final de esta historia se escribe, como se han escrito tantas otras, con un puñado de páginas en blanco. Con un bolígrafo roto. Se cierra con uno de esos candados que guardas en casa que jamás volverás a abrir porque perdiste las llaves, y ya no recuerdas ni cuándo.
Y la rueda dentada sigue girando. Gira sin parar para poder alimentar este maldito engranaje. Y ha sido, es y será, un placer compartir este montón de sonrisas contigo. Saberte al otro lado. Saber que en este teatrillo absurdo, cuando el títere protagonista pregunta dónde se ha escondido esta vez el lobo, tú callas. Saber que no somos los únicos que creemos que el lobo no es tan malo. Saber que los lobos están hambrientos. Y seguir sonriendo juntos, Camarada. Salud.





