Siento decirte, como siempre a escondidas, que te pierdes lo mejor de las cosas. Y siempre es por mi culpa, porque todo lo hago a escondidas. Cuando tú no me miras. No es exactamente por miedo, ni por cobardía. Es mi manera de hacer. Espero a que bajes los ojos para mirarte por dentro. Espero a que nadie me vea para mis juegos secretos. Y ha sido así desde que era pequeño. No es que me sienta culpable, es que me siento mejor. Es que me gusta marcar el ritmo que no tengo.Te he visto, millones de veces, en cualquier barra de cualquier bar. Al pasar a tu lado he intentado perderme entre el aroma de tu perfume. Nunca te he dicho nada. Porque nunca me ha interesado. Me he tomado mi café con hielo a palmo y medio de tu regazo. Cuando te he visto despistada, te he mirado. Y cuando me estabas mirando me hacía el interesante y, si seguías mirando, acercaba mi mechero a otro maldito cigarro. Recuerdo el sonido de tu risa, recuerdo también con frecuencia tu desparpajo. Y ese acento en tu hablar, tan cerrado. Recuerdo poco si te soy sincero. Lo justo. Me bastan un par de datos.
Siempre me ha gustado tu caminar. Verte llegar despeinada. Y he contemplado, hipnotizado, como te bastan dos tirones y un lápiz para tejer el moño más perfecto con tus cabellos. Ocurre en cuestión de segundos, por eso las más de las veces me lo he perdido. Porque ese ritmo que te sucede, yo sería incapaz de seguirlo. Por eso vuelvo a fumar, y espero tu llegada de nuevo a cualquiera de los taburetes que me rodean. Por eso vuelvo a esperar el repicar de tus tacones entrando en cualquier bar, en cualquier sitio y en cualquier momento. Que nuestras citas no entienden de cifras concretas. Que nuestras citas, preciosa, las trajo y se las llevará el viento.
Si esta noche te veo, y vuelves a pedirme fuego, volveré a rozar con los míos tus dedos.
Considero que has de pagar ese impuesto. Espero no te moleste. Pero no soy capaz, y creo que no me apetece, pasar de nivel en tus juegos. Prefiero la placidez de volver a entrar en mi coche y saborear tu recuerdo. Prefiero esperar a mañana para volver a empezar. Porque no quiero que mueran tus mariposas de trapo. Porque no quiero dejar escapar la oportunidad, preciosa como tus ojos, de algún día decirte algo. Además, tu aliento ya me roba el sueño. Y, tantos cafés hoy, si quiero dormir un ratito no me parecen lo más adecuado.
Así pues, te espero mañana donde siempre. Tú sabes que es en ningún lado. Te espero mañana escondido tras doce bocanadas de humo. Sí, como siempre, a tu lado. Te espero mañana para volver a lanzar mi dado sobre la barra de cualquier bar, que es de aluminio barato y sueña con ser lingote de plata. Y espero que salga un siete, en mi maldito dado de seis caras. Ese día me acercaré a ti, y te haré saber que llevo tiempo esperando. Que llevo tiempo mirando cuando no miras. Que llevo tiempo tejiendo mentiras. Que me muero por dormirte entre mis brazos. A cualquier hora, de cualquier día.


