
Durante muchos años de mi vida he recorrido mil caminos en busca de una brizna de calma. He dedicado parte de mi tiempo a pensar en ello. Me he formulado cientos de preguntas al respecto. Y no me ha sido nunca sencillo encontrar las respuestas. Ni esperar tanto tiempo. Ni tan siquiera recorrer los caminos que yo diseñé con tanto esmero.
He modificado hace escasas semanas mi punto de fuga, y ello me permite ver con más claridad a la manada. Desde aquí, ni lejos ni cerca, puedo escuchar sus lamentos. Puedo escuchar sus quejidos. Y se me encoge el alma con cada una de las maldiciones que lanzan a sus cielos. Desde aquí, hoy que la niebla lo cubre todo, veo muy poco de lo que me rodea. Tan sólo el humo de mi cigarrillo saliendo de entre mis labios que, al retorcerse junto al vaho, no parece tener final. El caparazón que he tejido en torno a mí, hoy me engulle y no parece dispuesto a dejar escapar a su presa.
Con mis dos manos en mis dos bolsillos recorro las callejuelas que forman la telaraña de este pueblo. Sigo sin ver nada a mi alrededor. Sigo ciego, pero ya he dejado de buscar. Hoy no necesito mis ojos, ni necesito tus mapas. Hoy estoy bien donde estoy. Hoy quiero estar en este ovillo de niebla que oculta todo aquello que puedo intuir. Todo lo que me rodea. Incluyendo mis pasos.
Sigo avanzando entre la niebla, y hoy sigo pensando en qué lugar exacto se debe esconder la calma. Me pregunto cómo será su rostro. Me pregunto dónde andará agazapada. Sigo exhalando humo, y sigo sin ver mi rastro. Sigo perdido en el mapa que tantas y tantas veces he rechazado. Me sigo sintiendo bien. Me sigo sintiendo entero, pese a que este ovillo de niebla se empeñe en recortarme por fuera, me siento firme y entero.
Puede que sobren tantas preguntas, y puede que haya perdido gran parte de mi tiempo. Puede que esa calma que busco, ese silencio que anhelo, no esté en un punto exacto. Puede que no, es cierto. Por eso hoy no tengo tan claro que la vida se reduzca a preguntas ni a respuestas. Puede que sobre tanto, que tan sólo de imaginarlo tengo la sensación de que la niebla se vuelve más densa. A fin y al cabo, la calma, no debe ser demasiado diferente a ese momento tan dulce que supone pelear media hora con la lengua para sacar un trozo de almendra de entre los dientes. A veces lo tenemos todo tan cerca, que nos perdemos en los detalles y olvidamos el resto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario