sábado, 27 de diciembre de 2008

Game Over


Cree el pastor, confiado él, que en cuanto el lobo cierra los ojos todo está en calma. Cree que, cuando la noche lo cubre todo, los miedos salen a danzar por el bosque. Y, al igual que los humanos crearon a sus dioses para vencer el miedo de sus muertes, creen los pastores de este mundo tener a sus rebaños bajo su control. Nada más lejos de la realidad. Juegan, y abusan, del privilegio de lucir un arma en sus cintos. Pero la noche cae para todos por igual. Y, al amparo de la noche, sus miedos y nosotros volveremos a danzar.

Acaba, en escasos días, un nuevo año de radio. Se siguen iniciando guerras en este Planeta Enfermo, y nosotros en nuestro bosque nos seguimos riendo. Seguimos mostrando, entre carcajadas, nuestros colmillos. Seguimos demostrando, semana a semana, que su violencia no nos merma. Y seguimos abriendo las puertas que ellos, con su manojo de llaves de la sinrazón, se empeñan en seguir cerrando. Nosotros seguiremos dando las patadas de siempre a las puertas de sus Infiernos.

Seguimos anclados frente a la duda de si termina algo, o si no deja de iniciarse algo más. Seguimos delante de este par de micros sin esperar nada a cambio, más que seguir sonriendo. Seguimos aplaudiendo con furia en el teatrillo de las mentiras. Y seguimos sacando tornillos de Ikea a esta realidad que nos han vendido y que apesta cada vez más. Seguimos encadenados, por libre, a este baúl de inmundicia.

Arrancaremos de un tirón ese calendario que jamás utilizamos. Tiraremos al container equivocado la agenda con todas sus páginas en blanco. Y pagaremos, religiosamente, el canon que nos impone esa pandilla de necios para seguir avanzando. Porque el final de esta historia se escribe, como se han escrito tantas otras, con un puñado de páginas en blanco. Con un bolígrafo roto. Se cierra con uno de esos candados que guardas en casa que jamás volverás a abrir porque perdiste las llaves, y ya no recuerdas ni cuándo.

Y la rueda dentada sigue girando. Gira sin parar para poder alimentar este maldito engranaje. Y ha sido, es y será, un placer compartir este montón de sonrisas contigo. Saberte al otro lado. Saber que en este teatrillo absurdo, cuando el títere protagonista pregunta dónde se ha escondido esta vez el lobo, tú callas. Saber que no somos los únicos que creemos que el lobo no es tan malo. Saber que los lobos están hambrientos. Y seguir sonriendo juntos, Camarada. Salud.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Contrasentidos


Desdibujé la última de mis sonrisas para enmarcarla. Un fugaz recuerdo que multiplicaré como lo haría un Apóstol ocioso un domingo de lluvia en su sofá celestial. Sacudiré las migajas que anidan sobre mis ropas, para darte un futuro prometedor. Para darte mil sueños que cumplir. Me encargaré personalmente de edulcorar todas y cada una de tus mañanas, para sacarte de la jungla de tus sábanas entre caricias de algodón.


Agitaré en el interior de mi puño cerrado el dado que dicta tus días. Y reza. Reza cuanto sepas para que vuelva a salir un siete en este maldito dado de seis caras. Reza porque, de no ser así, besaré tu frente para congelar tus suspiros. Besaré tu frente por última vez, y venderé todos tus miedos en el mercado de las mentiras. Tiraré tus huesos a esa jauría de perros rabiosos que aúlla tras tu ventana. Luego cabalgaré por tus venas hasta arrancarte de cuajo la lengua. Y ahora escucha ese sonido, cariño. ¿Lo oyes? El dado ya da vueltas sobre la mesa.


Me arrodillé ante ti para regar tus pies. Para sentarme a tu lado y para verte crecer. Guardé en tus bolsillos, mientras dormías, las estrellas que lloraste ayer. Ya no te volverán a hacer falta. Prometo cuidar tus desdichas y vomitar toda mi luz sobre tu cuerpo. Te prometo la fidelidad que no guardé nunca para mí. Prometo no despertarte cuando atraviese tu selva sin necesidad de volver. Y, ahora que lo recuerdo, guardé también en tus bolsillos aquella vieja brújula que ya no quiero entender. Que yo, como mi niña de cabellos rojizos, también tengo más que de sobras con orientarme bajo el cielo de tu piel.


El dado sigue jugando. Sigue bailando sobre tu mesa. Tus ojos siguen sus pasos, y yo (por si te interesa) recojo en silencio tus llantos, tus noches en vela, y aquella alfombra de pelo largo roja que fue testigo en silencio de tanto. Cuenta hasta cinco y cierra tus ojos. Que sea lo que haya de ser. Que poco caminaríamos hoy juntos si nos anclásemos en el ayer. Que poco me importa ese montón de recuerdos si ya no te vuelvo a ver. Que sí, que tuvo su gracia, lo sé. Pero igual que no tengo el pasado muy presente, tampoco quiero tener muy presente el futuro. Y me podría conformar con verte dormir, aunque tan sólo fuese por el enorme placer que supone esperar hasta verte despertar junto a mí.

martes, 9 de diciembre de 2008

El Curso de las Cicatrices


Nada me sorprende más que volver a verte. ¿Y qué hay de nuevo?
Cómo echaba de menos lloriquear una vez más entre tus brazos, arrepentirme por penúltima vez de todo lo que no recuerdo, olvidar quién soy y por qué he vuelto. Romper los frágiles lazos que me atan inconscientemente a ti. Saborear el perfume dulce que siempre te rodea, hacerte partícipe de todas mis desgracias y disfrutar con tu cara de sufrimiento. Sentirme aspirado fuertemente por las fuerzas incontrolables de tus consejos que, como bien sabes, son inversamente proporcionales a lo que, con toda seguridad, serán mis futuros actos.

De nada sirve quedarme quieto. El asfalto se desliza vertiginosamente bajo mis pies y aunque no lo quiera, siempre acaba trasladándome a los peores escenarios. Allí donde todo el mundo te recomienda no detenerte, donde ninguna foto podrá confirmar que llegaste y de donde solo un buen puñado de mentiras podrán rescatarte. Cuando esté aquí no quiero que me llames, te ruego que no acudas en mi auxilio y si consigues encontrarme, espero que te mantengas a una distancia prudencial, esa en la que puedes deducir de donde vienen los gritos pero lo suficientemente distante para no tener que escuchar el repicar de las palmas contra el suelo.

Por mucho que insistas jamás podré contarte lo que sucede aquí, porque este miedo, esta locura que me rodea, rebota en las paredes y siempre vuelve contra mí. No puedo reconstruirlo con palabras. No puedo enseñarte más que las heridas que esta infernal lucha me produce, no puedo mostrarte más que lo que puedes ver en mis ojos. Tendrás que seguir el curso de las cicatrices en mi piel, saber a dónde conduce el dolor que me impide mantenerme en pie. Tú sabes que es imposible mi retirada, que siempre acabo derrotado y que cada lección, en el mejor de los casos, hará que nuevamente vuelva a caer de rodillas ante ti.

Lo dramático, no es peor que lo absurdo en toda esta historia. Entiendo que al verme es tan fácil romper a llorar como echarse a reír. Entiendo que cada vez que irrumpo en tu vida todo vuelve a impregnarse de mi caos, que cada instante que me mantengo al margen se convierte en el apreciado oxígeno sin el que es imposible seguir respirando. Pero también sé, que cada vez que alguien golpea desesperadamente tu puerta deseas que esta vez sea nuevamente yo.