
Abrí los ojos a razón de palmo por pestaña. Salí de mi cama de un salto y corrí hasta la ventana. Era tu Luna que, con sus nudillos de plata, pedía permiso para entrar y sentarse junto a mí para fumarnos un par de cigarros. Dice que ahí fuera hace un frío de espanto. Que este invierno, como todos sus hermanos, nos ha llegado de golpe. Dice tu Luna que esto no hay quién lo aguante. Dice que, por esta noche, ya se ha ganado su platito de sopa de estrellas. Yo, mientras ella frota sus manos llenando mi cama de estrellas, miro mi cielo y veo la nube cómplice que ha ocupado su lugar.
Dice tu Luna que todo va bien. Que no me preocupe por nada. Dice tu Luna que asoma, de vez en cuando, por tu ventana para dibujar en tus labios dormidos una sonrisa de plata. Fuma tu Luna mi humo, y acerca sus manos a mi chimenea. Saco dos copas y una botella de vino. Para brindar por ahora, que por ayer y mañana Su Majestad el Reloj dijo que traería su propia copa. Un trago hondo y un suspiro de humo, cierra los ojos tu Luna mientras esconde sus piececitos bajo mi manta de cuadros.
Duerme tu Luna, serena. Duerme y yo sigo con mi copita de vino entre mis dos manos. Como si fuese esa taza de caldo de abuela que espera en la mesa a la hora de las cenas cuando eres demasiado pequeño para saber apreciarlo. Cuando maldices esa obligación sine qua non de tener que lavarte las manos. Bebo y cuido tu Luna esta noche, que dice que no tiene el coño para ruidos. Esta noche que no tiene ganas de nada, más que de dejarse llevar en un sofá que aún huele a recuerdos. Que aún huele a tareas pendientes, y a noches en vela. Al rock and roll que te despierta un domingo, cuando su noche más larga te han parecido segundos.
Meto más leña en mi fuego, y lleno tan sólo una copa. La otra la arranco de entre sus dedos y la dejo, con infinito cuidado y sigilo, en el suelo. No sea que se nos despierte. Que ambos sabemos que su despertar jamás ha sido su fuerte. Y yo tampoco estos para gritos esta noche de un día cualquiera. Un día cualquiera de este precioso Noviembre que lleva días disfrazado de Enero. Un día cualquiera en el que sólo yo sé, y ahora tu Luna también, que ha vuelto a mis bolsillos la suerte.
Dejo mi copa también en el suelo, y escondo en mi manta de cuadros mi cuerpo. No busques hoy a tu Luna. No pierdas tu tiempo. Sigue durmiendo. Hoy te la cuido yo, y mañana te la devuelvo. Ya volverá a tu tejado a dejar mi vaho en tus cristales. Pero hoy no va a poder ser. Que hoy dice que quiere dormir junto a mi fuego, y ya sabes de sus caprichos. Cualquiera le dice que no. Hoy tu Luna duerme conmigo. Si vienes a buscarla trae otra botella de vino. Y sobre todo, cuando llegues, no hagas ruido. Que tiene mal despertar. Que no tiene el coño para ruidos. Bucea esta noche en mi manta de cuadros. Bucea, duerme conmigo.
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