Podría pasarme todas las horas que le he robado al reloj haciendo mil piruetas. Y dando docenas y docenas de volteretas entre cada renglón de mi existencia. Podría esconderme ahora mismo y nadie me encontraría antes de la hora del aperitivo. Podría llamar a alguien, elegido al azar dentro de la agenda de mi teléfono, y esperar a oír su voz para colgar. Creo que podría ubicar en el tiempo cada uno de mis recuerdos, uniéndolos a una cifra de un calendario, en base a mis adicciones. Puede que con todos los vicios a los que he guardado fidelidad, y que me han otorgado su dulce reciprocidad, me baste para iniciar y finalizar cada voltereta de mi existencia.Acaricio, cada uno de mis vicios,
como si el mañana me esperase en un columpio.
Como si fueran tesoros que un tren, llamado destino,
disfrazase de luz y deseo.
Enciendo y apago una luz,
igual que el faro que grita en silencio sus noches.
Me faltan dedos para contar mis pecados,
me faltan bolsillos para mis manos, y me sobran las voces que juzgan mis actos.
Amante voraz de vicios, drogas, adicciones y placeres.
Esquivo miradas, reproches, castigos y a ti.
Me pierdo buscando un neón que me indique donde se esconde el siguiente escalón.
Y bendigo el crujido que siempre salta desde mi cartera hasta el fondo de mi sinrazón.
Soy, y mantengo erguida mi cabeza,
reincidente en todos y cada uno de mis vicios por pura naturaleza.
De los placeres dulces, por el puro placer de sentirme culpable de antemano.
De los placeres dulces, y de los amargos por si acaso.

