Vayan a votar. Dejen a un lado su timidez. Y sus prejuicios. Dejen de lado la pereza y la apatía. Y, ya que se ponen, dejen también a un lado la bulimia y la soberbia. Saquen a relucir su flamante ludopatía, porque la liebre de hierro ya da vueltas en círculo y los perros muestran a la grada la mayor de sus sonrisas. Apuesten sus monedas de cobre a su caballo ganador antes de que sea demasiado tarde. Vayan a votar, no se arrepentirán. Vayan y den lo mejor de ustedes mismos. Siéntanse útiles para esta sociedad que les mantiene encadenados. Vayan, no esperen más.Vayan a votar. Vayan ya, no esperen al domingo. Vayan y cojan sitio para ser los primeros. No sea que se acaben las papeletas de su caballo ganador. Vayan y no teman el qué dirán. No se avergüencen si les reconoce un conocido. Vayan a jugar a la gran ruleta rusa que algunos han diseñado para usted. Los mismos que dedican su tiempo a salvaguardar su tierra. Y su persona. Los mismos que darán la cara por usted al primer contratiempo que le pueda surgir. Los suyos. Aquellos que edulcoran sus mentiras para que usted no se atragante viendo el telediario.
Vayan a votar todos los días. De lunes a domingo. Vaya antes a consultar el censo, no vaya a ser que se hayan olvidado de usted y le dejen con la miel en los labios. Vaya, y cuando nadie mire, introduzca media docena de votos en la urna. Haga estiramientos antes de ir, no le sorprenda una rampa en el último momento y se quede usted sin ejercer ese derecho universal por el que afirma haber luchado tanto. Vaya, no tenga miedo. Tan sólo vigile no llevarse una dentellada de los colmillos que asoman por la ranura de la urna. Vaya y diviértase.
Vaya a votar y luego compre el pan. Vaya y vuelva a casa con la sonrisa que sólo sabe lucir el ciudadano ejemplar que todos llevamos dentro. Vaya y deje atado el perrito en la puerta y así mata doce pájaros de un tiro. Salga de casa con el sobre en la mano y su brazo derecho erguido. Salga de casa con la papela entre los dientes y siéntase identificado y controlado en todo momento. No vaya a ser que le entre a usted unos de esos malos ratos que todos pasamos y le dé una patada a la primera papelera que se encuentre a su paso. Vaya a votar, joder. Que un día es un día.
Vaya a votar y así podrá quejarse a partir del día siguiente de cómo funciona todo. Vaya, santígüese e introduzca el sobre en la urna. Por ese orden a poder ser. Que no sería usted ni el primero ni el último que arroja el sobre, embutido de todas sus esperanzas, a la papelera que algún desalmado ha pateado hasta la extenuación. Vaya a votar, dese usted el gustazo. Vaya y dígale a sus domadores que pueden contar con usted. Vaya y atraviese el aro envuelto en llamas en cuanto oiga el ‘hop!’. Vaya a votar. Desahóguese usted. Vaya a votar. Eso sí, luego no nos venga lloriqueando con los bolsillos vacíos. No nos venga con esas mierdas. Que de eso, nosotros, andamos más que servidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario