Cerré los ojos hace tiempo. Apreté mis dientes y te negué con las pocas fuerzas de las que disponía. Decidí no volver a utilizar jamás un reloj para medir mi vida. Y lo hice, y tú lo sabes mejor que nadie, porque no creo en ti. Porque no confío en ti. Porque tu forma de medir el tiempo no se ajusta a mis deseos. Ni a mis placeres. Ni a mis temores, ni a mi dolor. La elasticidad de tus horas siempre la escupiste en mi contra. Cuando las quise eternas, no las vi pasar. Cuando las quise muertas, nunca tuvieron final.Y ahora, sin tu consuelo, vivo mucho más feliz. Ahora, sin las dos agujas y sin tu corona, procuro medirlo todo sobre mi piel. Ahora, ni ayer ni mañana, siento que todo me pertenece un poquito más. Y siento, sobre todo, que pertenezco a cuanto me rodea un poquito más. Ahora las cosas se mecen con la calma, o el ajetreo, que marca mi baraja y todas sus trampas. Ahora, y ojalá dure para siempre, me encuentro mejor. Ahora voy, y vengo, sin guardar en mi cajita de terciopelo rojo borgogna el tiempo que perdí.
Cerré los ojos hace tiempo. Apreté mis dientes y te negué con las pocas fuerzas de las que disponía. Decidí no volver a utilizar jamás un metro para medir mi vida. Y lo hice, y tú lo sabes mejor que nadie, porque no creo en ti. Porque no confío en ti. Porque tu forma de medir el espacio no se ajusta a mis deseos. Ni a mis placeres. Ni a mis temores, ni a mi dolor. La elasticidad de tus milímetros siempre la escupiste en mi contra. Cuando los quise escasos, no cupieron en mi boca. Cuando los quise lejos, los anclaste a mis pies.
Y ahora, sin esos malditos mapas, me siento cerca de todo. Ahora me siento seguro del suelo sobre el que piso. Ahora ya no temo que el cielo se desquebraje y caiga sobre mi cabeza. Ahora todo da vueltas en este tiovivo que duerme a mis pies. Ahora me siento cerca y lejos de ti, dependiendo de la inclinación de mi sombra. Se alarga a mediodía, hasta rozar de nuevo tu piel. Y se encoge, al llegar la noche, para guardar en mi bolsillo izquierdo todos y cada uno de tus secretos. Ahora voy, y vengo, sin guardar en mi cajita de terciopelo rojo borgogna los pasos que no di.
Cerré los ojos hace tiempo. Apreté mis dientes y te negué con las pocas fuerzas de las que disponía. Decidí no volver a utilizar jamás un espejo para observar mi vida. Y lo hice, y tú lo sabes mejor que nadie, porque no creo en mí. Porque no confío en mí. Porque tu forma de mostrar la realidad no se ajusta a mis deseos. Ni a mis placeres. Ni a mis temores, ni a mi dolor. La absurda crueldad de tu realidad siempre la escupiste en mi contra. Cuando me quise ver, no te busqué jamás. Cuando me quise esconder mostraste, a ese mundo de mierda, todo cuanto oculté.
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